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日志


2007/2/9

Confusa

Confusa se despierta entre sueños, no sabe donde se encuentra; al intentar incorporarse nota un golpe seco que le deja lastimada sus muñecas y tobillos y le hace gritar de dolor. Confusa, asustada intenta zafarse de las cadenas, pero estas no ceden y en cada desesperado intento fuerza la herida en cada una de sus extremidades.  

No sabe el tiempo que pasa, el silencio solo rompe con el ruido de las cañerías que pueblan la parte superior de la estancia, la tenue luz le permite percatarse de que no es un lugar muy grande, tampoco un lugar bien cuidado.

Grita, pero no obtiene respuesta; el sollozo aumenta en la desesperación hasta que el cansancio se apodera de su cuerpo.

Al despertar nuevamente, en un intento de que solo estuviera soñando vuelve a la realidad del dolor, miedo, incertidumbre.

Tras un desesperado intento por huir se percata de que hay una bandeja de comida tirada en el suelo. Devora sin recato, no recordaba la última comida y aunque así fuera no sabía cuando había sido. Disfruta de cada bocado a pesar de que no sabe de donde ha salido. En circunstancias normales no habría comido.

Ya solo escucha su silencio, el único ruido que taladra su cabeza son sus pensamientos. Entre ellos, gritos de locura en un intento por desprenderse de sus ataduras y escapar de si misma.

Aunque al principio se preguntara el  porque estaba allí, quien le había encerrado en aquel cuartucho, ahora solo quería escapar de ella misma.  

A su espalda surgió una sombra tras el chirriar de una puerta que se iba abriendo. Solo podía intentar respirar el aire fresco que entraba, pronto sabría el porque de su tortura.

 

                                                                                                                                                         Juan Luis Galán Olmedo

                                                                                      www.elcuentacuentos.com

2007/1/22

47 - El mar

Al cerrar los ojos despertó.

 

El silencio llenaba su cabeza y al darse la vuelta pudo verla a su lado durmiendo placidamente. Empezó a percatarse de su respiración y se quedó unos instantes observándola. Siempre disfrutaba de la visión de su cuerpo desnudo y la paz que le transmitía mientras estaba enzarzada en sus sueños.

 

La tentación de acariciarla para acabar despertándola y tentar la suerte de gozar de sus cuerpos se le pasó un instante por la cabeza, pero pudo contenerse y dejarla dormir. El día anterior había sido agotador y se merecía dormir placidamente.

 

Aquel día se habían  levantado como siempre durante las vacaciones, aprovechando que no tenían que madrugar gastaron gran parte de la mañana metidos en la cama.

 

Y como casi todas las mañanas, por una razón u otra; por el o por ella, acabaron haciendo el amor antes de disfrutar del desayuno.

El nunca desayunaba en su día a día; ella poco más que un café antes de salir de casa.

 

Tras su deporte favorito, se duchaban y con el coche se dirigieron a la playa más solitaria que pudieron encontrar, donde disfrutaron del sol y del agua. Charlaron, rieron, o simplemente se quedaban mirándose el uno al otro.

 

Por la tarde tenían ya un plan acordado; finalmente tras una semana de curso iban a realizar su primera inmersión. Los dos estaban como niños ante la espera de ese momento.

 

Antes, decidieron comer algo en la habitación tranquilamente.

 

Llegadas las cinco de la tarde, se reunieron con el resto del grupo. El profesor les indicó que se fueran preparando. Como si de un ritual se tratase comenzaron la tarea; minutos después ya estaban con sus neoprenos y el resto del equipo listo. Revisaron el correcto funcionamiento y subieron a la lancha que les llevaría hasta el punto de inmersión.

 

Una vez allí, todo fue rodado; las parejas ya estaban formadas y uno a uno iban entrando al agua desde la lancha. Ellos fueron de los últimos. El viaje a él no le había sentado muy bien y terminó dando de comer a los peces en el trayecto, ella no pudo evitar tomarle el pelo unas cuantas veces antes de sumergirse por ello. Se dieron un beso y comenzaron.

 

Abajo solo podían disfrutar de la sensación, entre los momentos de nerviosismo en un intento de cumplir todas y cada una de las reglas de inmersión que les habían enseñado, no se olvidarían de ninguna ya que a ninguno le gustaban las posibles consecuencias que les habían mostrado durante el curso.

 

Se comunicaban con fluidez a pesar de no poder hablar. Además de las señas estándar se habían creado alguna propia para ellos dos solos. Disfrutaron del viaje, durante 35 minutos solo estaban ellos ahí abajo. Según descendían perdían los colores, pero la capacidad de asombro lo compensaba y sino la linterna siempre actuaba de catalizador.

 

Cuando vieron que la reserva estaba llegando, decidieron iniciar el ascenso; poco a poco iban a encontrarse con la normalidad del mundo. Durante unos minutos sintieron algo especial y además lo habían compartido el uno con el otro.

 

Se descargaron del equipo en la lancha y no pararon de comentar con el resto de buceadores la aventura que acababan de vivir, lo que habían visto, como se habían sentido.

 

En el hotel, de nuevo en la habitación, eran ellos dos los que no paraban de hablar sin parar y al final recostados sobre la cama se quedaron dormidos uno al lado del otro, abrazados.

 

 

Al abrir los ojos se durmió. Volvió al mundo real donde las sabanas no estaban acompañadas por el olor de otra persona. Hubiera preferido volver a cerrarlos y despertar recordando todo lo que te acabo de contar, pero decidió afrontar el nuevo día. Quizás mañana al abrir los ojos pueda despertar.

 

 

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

 

www.elcuentacuentos.com

 

 

2007/1/7

46 - Naturaleza

Matar formaba parte de la naturaleza de Laura, ella no lo sabía pero eso era lo que iba a descubrir aquel día de verano.
 
Quería planear todo hasta el último detalle, el sitio, la hora, la forma. Imaginaba como sucedería en su cabeza aunque aún no tenía todos los detalles. Determinó que tenía que ser algo lento, así que decidió descubrir que veneno podría utilizar para la ocasión. Pasó dos semanas informandose  de cuales eran aquellos que permitían una acción más lenta y dolorosa; una vez encontró uno que le convenció tuvo que conseguir hacerse con el. Ahora que lo pensaba, no había sido tan dificil y eso que imaginó que sería la parte más complicada del proceso.
 
Había perdido unas semanas, un mes practicamente en llegar a ese punto y todo había tomado forma. Al fin y al cabo en el momento en que decidió que tenia que deshacerse de él todo rodó muy rapidamente.
 
El día había llegado, tenía que ser en esa ocasión. El volvía a estar en casa después de unas semanas y tenía que aprovechar que el resto de miembros de la familia no estarían hasta el lunes. Era sábado por la mañana, se levantó, preparó el desayuno a la espera de su llegada y disfrutó del suyo tranquilamente mientras escuchaba la radio. Se vistió, hizo sus ejercicios matutinos y su rutina diaria.
 
Cuando sonó el timbre sabía que había llegado el momento; le recibió en la puerta y después de los saludos iniciales, él se fue a la cocina a hacer uso del desayuno. Ella al cerrar la puerta solo podía sonreirse. Eran las 11 de la mañana, un día y una hora que nunca olvidaría.
 
El proceso fue más rápido de lo que esperaba, se había equivocado en la dosis administrada; se lamentó ya que no era lo que deseaba. Ella, una conocida perfeccionista y habíaa errado en el detalle más importante. En cualquier caso, sintió placer al ver que el cuerpo sin vida de la mascota familiar, el perro que le había arrebatado el cariño de su hijo en los últimos dos años, había llegado a su fin.
 
 
Recogió el cadaver del animal en el suelo de la cocina, guardándolo en una bolsa de basura y se dirigió a su coche. Tras unas horas de conducción llegó al punto que había marcado en su mente y tiró el cadaver dentro de la zanja que había realizado unos días antes.
 
Solo tuvo que soportar el lamento de su hijo cuando tras el regreso del campamento supo de su madre que su compañero de juegos había fallecido en un accidente de coche y que lo habían enterrado. En su interior sabía que podría disfrutar del amor incondicional de ese niño sin intermediarios.
 
Su marido no pregunto mas de lo necesario, como esperaba ella por otro lado, cuando llegó de su viaje de negocios ya que al fin  y al cabo ella era la encargada de la casa esos días tras las vacaciones.
 
Todo había salido como esperaba y había disfrutado en el proceso, independientemente del desliz de la dosis. Ahora que  todo había terminado pensó en que podría hacer el resto del verano. Seguro que algo se le ocurriría.
 
 
Juan Luis Galán Olmedo
 
 
 
2007/1/1

45 - A veces

A veces mi alegría se convierte en desgracia, así fue hace poco tiempo como quien dice. Aquel día esta borroso para mí, solo se que en un instante todo cambió.
 
Llevaba dias esperando encontrarme con ella, hacía tiempo que habíamos hablado de encontrarnos, de nuevo, en persona. No se como llegue a querer tanto a alguien con quien no había compartido apenas espacio, aunque sí mucho, mucho tiempo.
 
La esperaba, ansioso, ilusionado. Había pasado toda la noche en vela, imaginando el momento, por la mañana ella llegaría y por fin volvería a tenerla entre mis brazos. Ese momento nunca llegó, una llamada de telefono destrozó cualquier posibilidad.
 
Cuando me dijeron que había tenido un accidente, no pense que fuera tan grave; por supuesto que me asusté, solo cuando me dijeron que había fallecido. Es imposible que pueda describir como el mundo cayó sobre mi. Nada de la alegría que horas antes mantenía pudo sobrevivir, en un segundo todo había cambiado.
 
Un conductor borracho había colisionado con ella frontalmente en la carretera mientras venía en su coche, el asesino había decidido invadir el sentido contrario y al final se encontró para mi desgracia en su camino con mi esperanza. De un plumazo mi vida había cambiado.
 
 
Han pasado muchos años desde aquello, pero aún hoy siento la mezcla de emociones que me embargaron en aquel día. No puedo desprenderme de los recuerdos.
 
Así que dame las llaves, hoy tu no puedes conducir.
 
 
Juan Luis Galán Olmedo
 
 
2006/8/28

44 - Confesiones

Continuación del relato de cuentacuentos: 44-Secretos. 
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"No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado."
 
- Fueron sus palabras, lo único que dijo tras contarle toda la verdad, todo lo que había sucedido en aquel tiempo en que estuvimos separados. Debió de notar mi amargura mientras le relataba el porque de mi huida y de sus labios brotaron las palabras que más necesitaba oir.
 
- Solo podía besarla, abrazarla con todas mis fuerzas tras haber escuchado de sus labios todo aquello por lo que tuvo que marcharse. Tras oirla solo salieron de mis labios unas pocas palabras y tuve que callarla; callarme, sintiendo sus labios por una vez más en aquella larga noche.
 
Habíamos hecho el amor durante horas, habíamos disfrutado de nuestros cuerpos sin tabues, sin límites; y cuando exhaustos habiamos acomodado nuestros cuerpos en el calor del otro, comenzamos a conocernos.
 
- Sentía el sudor de su cuerpo en el mío, él se había dejado rodar a un lado liberándome del peso de su cuerpo; nos quedamos mirando, sonriendo como idiotas el uno al otro. Simplemente empecé a hablar, a contarle lo que tanto tiempo me había guardado. El simplemente calló, mirándome, mientras me escuchaba. Sabía que estaba ahí porque sus ojos me lo decían, no quería que me callara,; por eso no interrumpia, según le relataba el porque por mi culpa, habíamos pasado unos años alejados el uno del otro.
 
La verdad es que tenía miedo de que si le contaba la verdad fuera él el que se fuera. Ahora tras escucharle, se que estaremos para siempre juntos disfrutando de nuestra hija.
 
- Fuimos quedandonos dormidos, abrazados, mirándonos el uno al otro como si fuera la primera vez. Mientras notaba como el sueño se apoderaba de mi, solo podía estar tranquilo, al fin sabía que nunca más volvería a suceder. Fue lo último que le dije esa noche; no te vayas nunca más.
 
- Nunca más, Amor. Después de decirle aquello nos quedamos dormidos como un bebe duerme en los brazos protectores de sus padres.
 
 
- Hace 10 años que mis padres me dijeron lo que sucedió aquella noche, tal y como te lo cuento cariño. Mi infancia fue feliz, pero siempre supe que aquel dia había sucedido algo importante. Al recogerme, el ambiente de tensión que existía se había esfumado. Mi padre era un adulto convertido en niño; disfrutando, por fin,  de la vida y a mi madre parecían haberle quitado de encima algunos años  de más. Recuerdo que, inocente, les pregunté que había pasado y ambos me dijeron que papa y mama se habían vuelto a conocer. Yo no pude entenderles en aquel momento; ahora con el paso de los años solo puedo sonreir y agradecer que aquello sucediera.
 
Por suerte, comenzamos a vivir sin secretos.
 
-¿Que le pasó a tu madre? Sentí una sonrisa pícara mientras se acercaba a mi oido y me susurró "Te lo cuento, si prometes no decirselo a  nadie. ¿Vale?". Tras eso comenzó a relatarme lo sucedido, algo que nunca contaré a nadie. Se lo debo a ella y a sus padres. También nosotros, aquel día, comenzamos a vivir sin secretos.
 
 
Juan Luis Galán Olmedo
 
 
Participando de la iniciativa de: http://cuentacuentos06.spaces.live.com/ 
2006/5/22

43-Secretos

Continuación del relato de cuentacuentos: 40-Espera.

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Voy a contarte un secreto. Eso es lo que le dije nada más sentarse. Ella se quedó mirándome extrañada, creó que pensó que era ella la que iba a contarme algo y resulta que iba a ser al revés.

 

            Esperé un poco, me apetecía verle esa carita de sorpresa. Era una expresión llena de curiosidad la que reflejaba su rostro.

Pedimos algo para comer, la bebida, una botella de vino. La noche la merecía.

 

            Tras un rato en silencio, intermitente; entre palabras interesadas por el día de cada uno, ella no pudo evitar preguntar que era eso que quería contarle.

 

            Sonreí y la piqué aún más al acercar mis labios a su oído y decirle; “Tranquila ahora te lo cuento”. Al separarme de nuevo, no pude evitar darle un suave beso en el cuello, ella respondió como esperaba. Me apartó y me 'amonestó', no puedo decir que me echara la bronca, por llamarlo de alguna manera. Se que su curiosidad podía con ella. Sonreí de nuevo y la besé.

 

            Nos quedamos; ahí, amarrados el uno al otro a través de nuestros labios. Nunca hay un beso suficientemente largo para que pueda cansarme de sus labios, de su lengua, de toda ella y  lo sabía, lo compartía. Claro que uno no puede comer, beber o hablar enlazado de esa manera a la otra parte, de manera que al final tuvimos que separarlos.

 

            Ella me miraba de soslayo, mientras cenábamos, el vino fluía sin parar y le pregunte que yo le contaría mi secreto, si ella me contaba el suyo. Al fin y al cabo, ese día habíamos quedado precisamente para eso. Sonreímos, ella se acercó a mi oído y mordisqueó mi oreja, tras lo que me susurró, “Eso toca tras la cena.”.

 

            -Continuemos cenando entonces.

 

            Ella rió ante la frase y me besó, un corto beso, tras el cual continuamos cenando. Hablamos durante la cena de los temas del día a día y los dos nos lanzábamos miradas de curiosidad pensando sobre lo que el otro tenía que contarnos.

 

            Sin darnos cuenta, la cena daba sus últimos coletazos y decidimos que el postre lo tomaríamos en el hotel en el que íbamos a pasar la noche. Al finalizar esa noche, ya no habría más secretos entre nosotros.

 

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

Participando de la inicitiva de: http://spaces.msn.com/cuentacuentos06/  

 

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En recuerdo del autor de la frase de cuentacuentos de esta semana. Un abrazo, Kiko. Estés donde estés.

2006/5/15

42-Recuerdos.

 

Ella se perdió entre la multitud como se pierde una lágrima entre la lluvia, un gesto entre las sombras o una palabra en el silencio.

 

No entendía nada de lo sucedido en los últimos meses, no podía comprender que la había llevado hasta ese momento. La sensación era la de siempre. La misma sensación que sintió cuando supo que ya no volvería a saber nada de él. Solo era vacío, soledad, desesperación. Nunca pudo entender como se puede pasar de querer a alguien a no querer saber nada de esa persona. La indiferencia con que la trataba era abrumadora y cada día era más difícil encontrarse a sí misma.

 

Había pasado tanto tiempo y seguía sin saber nada de él, el tiempo se convertía en una carga demasiado pesada y cada día que pasaba solo el recuerdo de una amistad, de un tiempo de amor compartido era lo que le permitía afrontar el poco tiempo que no vivía encerrada en sí misma.

 

Esa sensación era la que le había llevado a dar todo por perdido, no tenía sentido nada y aquel día al verle y ver su mirada gélida sin nada en su corazón hacía ella, decidió que no podía soportarlo más y pensó que para que vivir si la persona a la que amaba con toda su alma, esa a la que se había abierto con todo su corazón, con la única que había podido ser ella misma. No tenía ningún sentido, no merecía la pena.

 

El lunes no habría existido, la dosis era suficiente para no volver a despertar en la pesadilla; sin embargo algo había sucedido durante la noche y el ruido provocado en la caída había alertado a sus compañeras de piso.

 

La situación había cambiado, gritaba su nombre mientras intentaban despertarla en el hospital. Solo se acuerda de eso, de gritar su nombre mientras pedía que no la despierten.

 

Para su desgracia, nada salió como esperaba y tuvo que seguir adelante con su agonía. La vida continuaba  y ella no quería seguirla en un principio, continuó con su trabajo como si nada hubiera sucedido, intentó olvidar el tormento, el infierno de su ausencia, de su completa ausencia. Nunca le pidió ser suya, pero si compartir la vida. Él nunca quiso nada de ella y si alguna vez lo quiso decidió que no merecía la pena ni siquiera compartir esa amistad que un día fue.

 

Continuó echándole de menos, queriendo saber de él, pero era imposible. Ni siquiera cuando él supo que había estado a punto de morir quiso que su indiferencia muriera hacía ella, en realidad la amplificó aún más. El dolor era intenso, a pesar del apoyo de su familia y amigos.

           

Han pasado meses desde entonces y aunque el dolor ha remitido en cierto aspecto, la sensación sigue siendo la misma. Ya no sabe si creer en el amor, ya que el amor de su vida nunca creyó en ella. Posiblemente nunca sepa lo que es ser amada por alguien que la quiera al menos tanto como ella le quiere a él.

 

En ese amor que siente, ahora también es odio lo que siente porque sigue sin entender que puede llevar a una persona a desaparecer de la vida de otra sin dar ninguna explicación. Le amaba, él se lo demostraba en cada beso que la amaba y sin embargo simplemente se fue.

 

Ahora piensa en sus recuerdos que ella cometió errores, no se ofreció por completo a él. Ella tuvo miedo de no saber darle placer, al fin y al cabo iba  a ser su primera vez, él, que un día fue su primer beso. Le mintió sobre ello. Además no sabía como decirle que hasta dos días después no podría porque debía solucionar un problema médico bastante íntimo y no quería cometer ese error con él. Pensó que habría otra oportunidad, se equivocó. Al día siguiente él dijo adiós, al menos tuvo la esperanza de mantener su amistad; una esperanza que él mantuvo viva quince días más. Desde entonces el infierno en vida y todo lo que ha sucedido en estos meses.

 

Es curioso, da igual la sensación que tiene de vacío, soledad, desesperación. La sensación de que perdió la oportunidad de estar con la persona amada. A pesar de todo lo que ha sucedido, de todo lo que ha pasado y de lo mucho que le odia por todo ello, sigue amándole como el primer día. Ahora al menos sabe que nada puede ser sin las dos partes y que su vida continúa a pesar de no poder compartirla con el amor de su vida. Quizá un día alguien la ame, como ella lo ama y quizás pueda llegar a amarlo tanto como lo ama a él.

 

Da igual cuanto dolor haya pasado, cuantas noches llorando haya pasado, cuanto le dolía que ninguna de sus intentos de mantener la comunicación fueran ignorados. Da igual que hubiera intentado apearse de este mundo al no poder compartirlo con él.

 

Ahora todo continúa y aunque le amará toda su vida, su vida continúa y tal vez un día pueda sentir el amor en su vida. Sabe que al menos ella puede amar y que alguien por ahí habrá que la llegue a amar igual. ¿Será verdad?

 

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

Participando de la inicitiva de: http://spaces.msn.com/cuentacuentos06/  

 

2006/5/8

41 - Así es la vida.

-         Como siempre dicen: ‘Así es la vida’.

 

-         No puedo creer que tú digas eso, tanto te he escuchado decir que odias esa expresión, que me sorprende que seas tú, precisamente, quien diga eso ahora.

 

No podía evitar dar la razón, pero prefería no discutir en estos momentos.

 

-         Lo sé, cariño, pero supongo que la edad hace que perdamos las fuerzas para seguir luchando. A veces creo que no me queda esperanza de conseguir todo aquello que pretendíamos de jóvenes.

 

-         Sí, entiendo que puedas estar cansado de luchar, que no todo salga como habías planeado, pero míralo por el lado bueno.

 

-         ¿Y cual es?

 

-         Que sigues aquí a mi lado y aunque no todos conseguiremos librarnos de las guías de comportamiento, al menos en algún lugar del mundo somos libres para ser nosotros.

 

Sonreí, si de algo me había enamorado de él es de su optimismo a prueba de bombas. Me quedé un rato en silencio.

 

-         Vale, tú ganas. Sigamos adelante con ello.

 

Fue pronunciar esa frase y nos dimos un enorme beso. Finalmente decidimos continuar perteneciendo a la asociación a la que nos unimos unos meses después de aquellas primeras vacaciones juntos.

 

De eso hace ya casi 20 años y ha llovido mucho en nosotros desde entonces. Dejamos el seminario nada más volver de Cartagena y diríamos que salimos del armario a lo grande. Supongo que el hecho de que dos futuros miembros de la iglesia, dos futuros sacerdotes, abandonaran su sueño de toda la vida, no lo esperaba nadie y tuvo una repercusión por encima de lo deseable.

 

Eso, en cualquier caso, al final lo aprovechamos para conseguir que la voz se oyera con más fuerza y nos volcamos  en intentar normalizar una situación que durante mucho tiempo se consideró anormal.

 

La lucha no ha concluido, aún hay sectores de la sociedad que no respetan nuestra elección y además la organización se mueve a nivel mundial, lo que aumenta esa triste realidad. A pesar de todo aquí estamos.

 

-         Supongo que la vida es al final como queremos que sea ¿no?

 

-         Sí, claro que sí. Solo que a veces cuesta un poco más hacer que sea.

 

Me guiña un ojo y rompe el sobre de dimisión que había redactado esa tarde. Al final tocará seguir luchando. Al menos se que es junto a él.

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

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Continuación de  la historia de cuentacuentos 31 - Vacaciones publicada el 6 de Marzo de 2006.

 

2006/5/1

40 - Espera.

El viernes cuando nos veamos, te cuento.

 

            Solo podía recordar esas palabras en mi cabeza, estábamos a martes y me sorprendió esa frase surgiendo de sus labios. Llevábamos años viviendo juntos, hacía tiempo que supuse que nunca me contaría nada sobre aquel tiempo sin conocer nada de ella, aquellos cinco largos años de ausencia y ahora de repente, volvía a mencionarlo.

 

            Además no tenía sentido, nos veríamos todos los días, ¿porque ha dicho que esperara al viernes? Le pregunte, no pude evitarlo y ella solo mencionó que esperara que ahora no era el momento.

 

-         ¡Como que no es el momento, ¿Y el viernes si?!

 

Me sonrió y se acerco a mí besándome.

 

-         Si, el viernes sí. Ansioso.

 

Me quede mirando su rostro mientras ella me observaba y  viendo que nada iba a conseguir decidí que era mejor disfrutar de ese momento junto a ella antes de irnos a trabajar; ella debió de pensar lo mismo.

 

            Fuimos a trabajar y el día pasó sin sobresaltos, como siempre ella llevaba a Cristina al colegio por la mañana antes de ir a la oficina y yo la recogía al volver de mi puesto. A eso de las 19 volvíamos a estar juntos en casa.

 

            Así fueron pasando los días, la verdad es que no pude dejar de pensar que sería lo que iba a decirme, pero al menos el viernes iba llegando y al menos sé que al fin sabría que sucedió.

 

            El viernes fue un día normal, nos levantamos, nos fuimos a nuestros respectivos trabajos. Al llegar al trabajo me encontré una nota en mi despacho de parte de ella diciendo que quedábamos en el restaurante de siempre a las 21.

 

Era el restaurante donde nos conocimos por primera vez, nunca olvidaré ese día y supongo que ella tampoco; no se que estaba preparando, además da igual, sonreí porque yo le había enviado un centro de flores  con una nota similar. Los viernes eran los abuelos, mis padres los que se ocupaban de recoger a la peque, así que podíamos tener la noche entera para nosotros.

 

Le mandé un mensaje: “A las 21 entonces, no a las 21:30, espero que te gustara el centro. Gracias por el regalo, pero creo que no es de mi talla. Te quiero, un beso.”

 

Ella respondió: “Me gustó el centro, te veo esta noche cariño, se que no es tu talla; en realidad es la mía ;-). Yo también te quiero. Muackkk.“

 

            El caso es que así estuvimos todo el día, lo cual hizo que el tiempo volara, como todos los viernes diría; aunque ese sin duda era especial. Fui a tomar algo con los amigos y alrededor de las 20:30 me fui para el restaurante. Llegue unos minutos pronto, la mesa de siempre y a esperar que ella llegara. Posiblemente esos minutos que estuve esperando fueron los peores de toda esa semana, pero al verla aparecer deslumbrante y sonriendo tuve que devolverle la sonrisa. Al fin sabría que sucedió.

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

Participando de la inicitiva de: http://spaces.msn.com/cuentacuentos06/ 
 

 

 

2006/4/24

39 - Carta de amor.

 

1 de Julio de 2005-2084

 

Recuerdo tu sonrisa de niña esculpiendo la mía, ese es un recuerdo que me queda grabado, ese y tu mirada. Ahora que la recuerdo ya se lo que escondía. Solo escondía miedo, miedo a sentir lo que tu corazón palpitaba, miedo a ser herida, terror a amar tal y como deseas ser amada.

 

Ha pasado mucho tiempo desde entonces y ahora entiendo que no podré dejar de amarte, pero porque sino no podría sentir lo que ahora siento. No quise admitirlo; te odio, te odio con  todas mis fuerzas, por hacerme creer que podrías llegar a amarme.

 

Se que nunca me lo dijiste con palabras, pero tus besos bastaban para contármelo, nunca te lo dije, pero por eso me besabas y yo que por primera vez sentía unos labios; sí, fuiste mi primer beso. Desee con todas mis fuerzas que sintieras lo que yo siento.

 

Nunca me creíste, nunca llegaste a creer que nadie te podría amar como dijeron mis labios, como mostraban mis besos, como deseaba mi mirada. Preferiste quedarte en la seguridad de tus miedos y no dejar que nuestros corazones hablaran; el mío hablo alto, claro y solo lamento no haber dejado que nuestros cuerpos lo demostraran, tal vez así hubieras despertado. Tú preferiste el silencio y la indiferencia te permitió no sentir nada.

 

Tu indiferencia, hizo que mi corazón reventara y mi alma sangrara.

 

Ha pasado el tiempo y ahora comprendo que ni siquiera el calor de tus besos soldará la herida que abriste. Tu estarás segura en tu mazmorra y yo al menos se que por lo menos no tengo miedo a sentir lo que siento.

 

Tu veneno seguirá en mis venas, al menos, ya tengo el antídoto a tu mirada; el reflejo de tu alma, a la cual no volveré a asomarme hasta que el hielo se derrita por el fuego de tu corazón ardiendo y seas capaz de sentir algo mas que la seguridad que te da la indiferencia. Ya se que tu no te arriesgas.

 

Yo se al menos, que puedo amar con todo mi corazón y arriesgar mi alma por ello.

 

Gracias por todo. Tal vez, algún día te atrevas a hablar, a sentir; si es así, cuenta conmigo. Suerte.

 

Un beso.

 

 

Esta carta es la única que mi padre le escribió a mi madre, desde el día en que se conocieron.

 

Ochenta y cuatro cartas iguales, fechadas el mismo día; algunas tienen matasellos, otras no, las últimas no van ni siquiera con sobre. Todas ellas firmadas.

 

Las he encontrado mientras rebuscaba entre sus pertenencias y han salido a la luz al abrir el cajón que mi madre mantenía bajo llave; el que ni mi padre permitió abrir cuando ella murió hace unos años.

 

Hoy, frente a ti y con su ausencia, en el día de nuestra boda; quería leértelas y agradecerte que decidieras compartir tu camino conmigo, el que hoy empezamos juntos.

 

Te quiero, Princesa.

 
 
 
Juan Luis Galán Olmedo
 
Participando de la inicitiva de: http://spaces.msn.com/cuentacuentos06/ 
 
 
2006/4/23

37 - Cena.

 

La noche se nos hacía más y más lúcida  y empezamos a recordar algunos instantes de la noche pasada.

 

            Pretendía haber sido una cena más; un intercambio informal de tiempo con los compañeros de la oficina, la típica fiesta que todas las empresas celebran cuando finaliza el año y así había sido.

 

            La noche había comenzado a las nueve de la noche, quedamos pronto para tomarnos algo. No éramos muchos, al final contamos doce personas, pero entre ellas nos encontrábamos mi mujer y yo. Era la primera fiesta de este tipo desde que todo el mundo supo lo nuestro.

 

            Todo empezó como siempre, los saludos de rigor, comentarios sin importancia sobre el trabajo, despellejamiento público de aquellos que no estaban presentes y anécdotas sin pena ni gloria de  la vida de cada uno de nosotros. Según se animaba la noche por gracia divina del alcohol, también se animaba la fiesta.

Peláez empezó con sus típicas coñas, no paraba de contar chistes, lo único que en estos momentos incluso hacían gracia. La cena se animó y pedimos más vino. Iñaki comenzó su ataque frontal a Eva y la pobre se dejaba hacer según le interesaba. Nunca habíamos sabido si le interesaba o solo le seguía el juego a Iñaki. Yo por mi parte estaba hablando con Domínguez, su marido y  mi mujer; todos trabajábamos en la misma compañía. Fue una charla muy agradable ya que nos permitió conocer más los unos de los otros, parecía que teníamos bastantes cosas en común.

 

Al terminar la cena; como suele suceder, el grupo se disolvió, Iñaki acompañó a Eva a su casa ya que no se encontraba muy bien, Peláez decidió acompañarles, me da que para infortunio de los dos anteriores. El resto decidió seguir la velada en una discoteca de moda y nosotros decidimos que no estaría mal. Un error, tal vez, porque el lugar era altamente ruidoso y no permitía mantener una conversación; claro que eso facilitaba la ingesta de alcohol y a las dos de la mañana ya no podría asegurar que caminara recto en realidad.

 

Recuerdo que estuve bailando con Domínguez, mientras mi mujer bailaba con su marido, recuerdo que en algún momento me dijo que si la acompañaba a ir al baño; lo que no recuerdo es en que momento acabamos besándonos en los aseos. Debió de ser algo rápido, la verdad es que es un momento que no recuerdo con lucidez.

 

Pasaría una hora mas o menos y decidimos irnos a nuestra casa y acabar allí la velada. Al llegar, nos acomodamos, nos descalzamos –En nuestra casa no permitimos acceder con zapatos- y creo que lo agradecimos todos, las mujeres mas si cabe.

 

Ellas seguían cuchicheando como durante todo el camino en taxi, riendo a mandíbula partida. Nos miramos y levantamos los hombros en un gesto de ignorancia, pensando que les habría dado. ¡Mujeres!

 

Nos acomodamos en el sofá, continuamos charlando un rato y la conversación comenzó a subir de tono. El alababa el físico de mi mujer, yo el de la suya. Tengo que admitir que eran dos mujeres espectaculares a su modo. Ellas sonreían picaramente a cada una de nuestras alabanzas o piropos. Supongo que empezaron a calentarse y no se les ocurrió otra cosa que acercar sus labios y lanzarse la una a la otra. No pudimos evitar mirarnos, ni dejar de mirarlas asombrados por la instantánea. Cuando acabaron ese primer apasionado beso, se volvieron a nosotros y nos pidieron que hiciéramos un strip tease para ellas.

 

No me lo podía creer, me da que el tampoco, pero teniendo en cuenta la situación creo que ninguno dudó que había que hacerlo. Ambos pensamos en la recompensa de poder disfrutar de esos cuerpos. Aun así nos hicimos de rogar, pero  nada se puede discutir con una mujer y menos cuando ellas comenzaron a desnudarse la una a la otra, deshaciéndose de los vestidos que llevaban. En realidad mi mujer llevaba una falda con una camisa que Domínguez le arranco de un tirón, quedaron sus cuerpos desnudos. Ninguna de las dos llevaba ropa interior.

 

No podía creerlo, ya intuía que Domínguez no llevaba sujetador; se que mi mujer no llevaba; pero no imaginé que ella no llevara braguita o mi mujer no se hubiera puesto su tanga preferido. Podrás entender que ante esa imagen los dos nos convencimos de hacer el strip tease.

 

Al compás de la música que mi mujer había puesto y mientras ellas se acomodaban la una junto a la otra en el sofá; empezamos por la camisa, desechando la corbata y dejando nuestros cuerpos con el torso desnudo. Nuestras respectivas mujeres se acercaron a nosotros a acariciar la mercancía, pero decidieron que mejor cambiar de pareja de manera que por primera vez sentí el tacto de la piel de Domínguez sobre mi cuerpo, el calor que ella desprendía. Nos pusieron unos pañuelos sobre nuestros ojos y nos continuaron desvistiendo dejándonos con la ropa interior nada mas. Yo obviamente a esas alturas estaba bastante calentito y doy por supuesto que el compañero también; mi mujer puede ser una jefa estricta, peo desde luego sabe como hacer para que un hombre se muera de placer.

 

El caso es que tras ese acercamiento se alejaron y claro tras unos minutos de incertidumbre optamos por quitarnos el vendaje de los ojos. Hubiera sido mejor no hacerlo porque ver a Pablo con el tanga de mi mujer puesto era un espectáculo que no esperaba encontrarme, claro que no quiero pensar en lo que se le pasaría por la cabeza al verme con las braguitas de su mujer y completamente empalmado.

 

Ana y mi mujer no paraban de reírse y bueno obviamente nosotros acabamos uniéndonos a ellas en las risas, follando durante el resto de la noche y parte del nuevo día, disfrutando los unos con los otros. Al final acabamos todos tirados en medio del salón exhaustos, supongo que nos quedamos dormidos.

 

Al día siguiente hablando sobre ello e intentando solucionar algunas lagunas mentales que en algún momento tuvimos; nuestras mujeres nos explicaron que habían hablado sobre la posibilidad de pasar un rato divertido. Así que decidieron inducirnos (Como si no hubiéramos querido voluntariamente) y llevarnos al baño de la discoteca; Ana conmigo y Paco con mi mujer.

 

Acabamos riéndonos de la ocurrencia mientras almorzábamos algo y  decidíamos hacer planes para el resto del fin de semana.

 

Creo que el trabajo va a ser más divertido a partir de ahora.

 
 
Juan Luis Galán Olmedo
 
 
 
Bueno, publico una historia que surge de la frase inicial de la semana pasada que no publiqué, he decidido colgarla ya que creo merecí la pena; además de que contrastará un poco con la de esta semana de cuentacuentos. Se que es trampa, jeje, pero bueno aqui queda para quien quiera leerla lo haga. Mañana publico la historia 'oficial' de cuentacuentos de la nueva semana. Espero vuestras opiniones. Abrazos.
2006/4/10

36 - Comprender

Entonces lo comprendí todo. Tenía que retomar mi vida y ella hacía años que se había marchado. Debía empezar de nuevo. Nada cobraría sentido sino comenzaba de nuevo.

 

Desde que se marchó, dejándome tan solo con mis recuerdos y aquel dvd de nuestra vida en común, nada había sido igual. Con ella había descubierto lo que era el amor, la pasión, la locura, la vida en definitiva y con ella también había descubierto el desamor, el dolor; sí, también la locura, en definitiva la vida.

 

La conocí de casualidad y fue ella quien tomó la iniciativa en su momento, nos habíamos conocido un verano y se despedía, a su manera,  a finales de otoño,  años después. Nunca había logrado conocerla del todo y tengo que admitir que la intermitencia de su carácter era un factor que me atraía sin remedio.

 

Mi vida no fue la misma desde que la conocí, solo podía darle las gracias por ello a pesar de todo el dolor, la soledad, que había acumulado en aquellos años. Eran más gratos los buenos recuerdos que se habían acumulado mientras estuvimos juntos.

 

Habían pasado cinco años desde aquel día que me desperté en una cama solitaria y pude ver aquel último recuerdo de nosotros en forma de imagen, con el sonido de la risa y la música que nos acompañó a ambos mientras éramos uno. Su nota de despedida.

 

Una llamada de teléfono. Y volvía a mi vida tal y como había entrado en ella; rompiendo la cicatriz que había formado y cualquier regla establecida, desde luego era típico de ella. El teléfono sonó como aquella primera vez y aunque en esta ocasión no me pillara dormido, tengo que admitir que al oír su voz la sensación fue la misma. Sonrió, no pidió disculpas, no dijo nada sobre lo sucedido, ella controlaba la situación y como aquella primera vez solo me pidió vernos. Como aquella primera vez, la invité a mi apartamento.

 

            Volvía a abrirle la puerta, volvía  sonreír embobado ante su presencia allí, aún cinco años después, emanaba belleza y a pesar de lo que había pasado solo podía agradecer su vuelta. Ella sonrió y me pidió permiso para entrar. Siempre lo había hecho.

 

            Le pregunté que había sucedido, porque había vuelto, pero ella encauzaba la conversación como siempre según le interesaba. Me dijo que lo sentía, pero que tuvo que irse y que no podía dar ninguna explicación, que siempre me había amado y que en aquel momento, que todo volvía  a ser normal, podía volver a mi lado. Nunca entendí esas palabras.

 

            Pude preguntarle mil veces el porque, y las mil veces su respuesta era una sonrisa, ninguna respuesta mas allá de sus labios. Hablamos el resto de la noche, reímos como siempre, seguía queriendo a esa mujer a pesar de haber intentado olvidarla. Nos contamos cosas sobre el tiempo que no habíamos estado juntos, pero sabía que como siempre no me contaba todo.

 

            Aquella noche que  volvíamos a encontrarnos, disfrutamos como cinco años atrás, era como si nada hubiera sucedido, como si de repente al darme la vuelta en vez de encontrar su nota, me hubiera encontrado con ella durmiendo placidamente a mi lado después de haber hecho el amor durante toda la noche.

 

            Al despertar y darme la vuelta, pensé que todo había sido un sueño, pero no fue así; allí estaba ella desnuda, acaricié su espalda tímidamente recorriendo con mi mirada cada una de sus curvas; su respiración emitía paz, eso era lo que sentía. Abrió los ojos y me sonrió, me besó apasionadamente y volvimos  a hacer el amor disfrutando de nuestros cuerpos, ya agotados nos levantamos y fuimos a pasar el día el uno junto al otro.

 

            Pasaron los años, años  en los cuales  dio tiempo a fijar aquellos planes que interrumpimos, tuvimos una hija preciosa que alegró aun mas si cabe nuestra vida. Fuimos felices todos aquellos años, ella siempre mantuvo el silencio sobre su pasado, nunca supe toda la verdad, pero no importaba estaba de nuevo conmigo. Habíamos formado una familia, los dos trabajábamos, ella desde casa por lo que pudo cuidar de Cristina, económicamente nos iba muy bien, permitiéndonos  una vida de comodidades que siempre disfrutamos en familia.

 

            El tiempo a veces es un ladrón de momentos, nunca he logrado saber que ha sucedido y a pesar de haberlo intentado nunca he hallado nada que pudiera aclararme el motivo; ella arruga el entrecejo cuando se lo pregunto, pero al final acaba dándome un beso y riéndose, haciéndome rabiar, su risa al final me contagia como si fuera el primer día que la oigo, es como si el tiempo no pasara desde  aquella noche de verano en la que nos conocimos.

 

-         Un día, un día tal vez te lo cuente. Quizás algún día pueda contártelo todo.

 

Entonces me besa apasionadamente y se ríe. Que puedo hacer yo ante eso, solo puedo estrecharla entre mis brazos fuertemente y esperar que algún día, efectivamente, lo haga. Solo entonces; tal vez , si acaso importara, pueda comprenderlo todo.

 

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

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2006/4/3

35 - Sueño

 
El duendecillo de los cerales me miró y habló así:
 
- ¡Zaaaasss! ¡Me sorprendiste!, vaya es la primera vez en muchos años que un simple humano me pilla . ¡Enhorabuena! ¡Bah, no tanto! Me pillaste en un día bueno.
 
- ¿Enhorabuena, porque? ¿Me vas a conceder 3 deseos o algo así?
 
- Si claro, ¿Acaso he salido de una lampara? No te equivoques humano, si acaso tendrías que estar agradecido por poder hablar conmigo.
 
- Perdona, pero no se si es suerte, al fin y al cabo estoy hablando con un duendecillo que anuncia cereales.
 
- ¿No lo entiendes, verdad?
 
- No, va a ser que no.
 
- No solo somos la cara feliz de los cereales, somos los dueños de los cereales.
 
- ¡Ja,ja, ja, ja, ja, ja!
 
- Cuidado no te rias que te transformo en cerdo y acabas bailándome encima de la mesa y al final te mando a las empresas de charcuteria de alguno de mis primos.
 
- ¡Ja,ja, ja, ja! ¿También teneis negocios en el mundo de la carne?
 
- Si por supuesto. Nosotros controlamos el mercado mundial de muchos de los productos que los humanos consumis.
 
- ¿Hablas en serio?
 
- ¿Acaso me ves cara de risa? Nos tomamos muy en serio los negocios. No hay nada que tu consumas en el sector alimenticio, tras el cual no estemos los duendes metidos.
 
- No me lo puedo creer. ¡Ja,ja, ja!
 
 De repente me sentí raro y el puto duendecillo me puso un espejo delante, entonces comprendí. ¡Era un cerdo! No me lo podía creer.
 
- No necesito que me creas, je, je; aunque veo que lo vas haciendo, además vale con que sigas consumiendo.
 
- ¡Devuelveme a mi estado! Lo que dices es imposible.
 
- Y lo dice el cerdo, anda que menos mal que puedo entender a los animales sino solo podría oir: oink, oink. Je,je,je.
 
- ¡Pero si no existis!
 
- A ver cerdito, ¿Con quien estás hablando tú ahora?
 
 Oink, oink, oink.
 
- En fin humano, te voy a dejar que tengo que encargarme de algunos asuntos más importantes. ¡Zaaaasssss!
 
De repente me desperté y vi que me había dejado la televisión encendida. Debí quedarme traspuesto y había tenido ese sueño. Me mire de arriba a abajo y comprobé que seguía siendo humano.
Al ir a apagar el televisor salió en la pantalla el anuncio de los cereales con el duendecillo intentando hacer gala del producto. Solo pude pensar que los efectos cada vez eran mas reales, parecía de verdad como en mi sueño. Desconecte el aparato, pero con pavor vi como un segundo antes el duendecillo me guiñaba el ojo, de repente desapareció.
 
Espero que solo fuera un mal sueño.
 
 
El protagonista, humano,  de nuestra historia apagó el televisor efectivamente, pero si pudiera haberse visto a si mismo al darse la vuelta habría apreciado un curioso fenómeno moviéndose al compás de sus andares. Y es que dicen que los humanos, machos, solo tienen una..., pero ¿Y si tuvieran dos?
 
 
 
 
Juan Luis Galán Olmedo
 
 
 
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2006/3/27

34 - Tic,Tac

 
Solo me estaba pidiendo una respuesta, y eso era lo que me aterraba.
 
Estaba todo a oscuras, negro como la nada, peor aún; la sensación era aterradora, me sentía allí, me podía ver en ese negro absoluto envolviéndome y al mismo tiempo sentía cada una de las sensaciones que impregnaban mi ser desde ese cuerpo tumbado en  medio del vacío.
 
En ese primer segundo solo sentía una gota de agua caer sobre mi frente, el tiempo era eterno y la locura se apoderó de mi muy pronto, no veía la gota caer sobre el cuerpo inerte, pero si sentía el ritmo que marcaba una tras otra sobre mí. En el fondo un sonido descompasado a este primero fluia sin remedio, formando ambos algo parecido a un ruido que me paralizaba de miedo, no podía moverme, gritar o pedir auxilio y el tiempo pasaba.
 
De repente sentí volver a mi cuerpo y un calor que me arropaba como a un bebe el abrazo protector de su madre me encontré de repente caminando por la orilla del mar disfrutando de uno de los mas maravillosos espectáculos de la naturaleza, mientras sentía el calor de los rayos del sol bailando sobre el, sentí el frescor del agua del mar acariciando mis pies. Tanto necesitaba fundirme con el mar que decidí desprenderme de las ropas que llevaba, tan solo el bikini cubría mi cuerpo y me zambullí por completo en su regazo, disfrutando de su sabor por toda mi piel.
 
Sin saber como, de repente comencé a quedarme sin fuerzas, el mar ya no sonaba. Su armónico oleaje se había detenido, escuché atentamente y durante un instante no oí nada, comencé a perder las fuerzas y  sentir que me hundía sin remedio en él. En lo que un pestañeo dura, volví a ver mi cuerpo hundirse en el silencio solo roto por el tic-tac de dos relojes que marcaban a ritmos distintos el transcurrir del tiempo. Veía mi cuerpo caer, desnudo, sin poder hacer nada por el mientras sentía como se hundía y la locura se apoderaba de nuevo de mi ser.
 
Desperté por el sonido de unos labios sobre los mios, pero no había nadie allí, aunque la paz era una sensación que me embargaba al escuchar el sonido de mi corazón solamente, sonreí por un instante. Sin previo aviso me encontré en el medio de un bosque tranquilamente sentada viendo el fluir de un río y el sonido que  a su paso provocaba en una sola dirección. La misma sensación que había sentido un segundo antes era la que me abrigaba, podía sentirme dentro de mi cuerpo. Podía descansar.
 
Noté como me arrancaban de mi ser nuevamente, me ascendian en el espacio y veía mi cuerpo  sin vida, pero sentido en medio de un fuego abrasador que consumía el paraiso donde me hallaba un fragmento antes. No había color en la escena y el único sonido que escuchaba era el crepitar de dos llamas peleando la una contra la otra por hacerse escuchar más y más alto. Yo sentía el calor que embargaba mi cuerpo, el llanto fluia por mi rostro al no poder hacer nada ante aquel infinito tormento.
 
El sonido de un corazón latiendo a distinto compás que el mío me hizo caer en un profundo sueño y al abrir los ojos ahí estaba él, tenía el rostro sobre su pecho y le pregunté.
 
- ¿Duermes?
 
- No, hace un momento me he despertado.
 
Me abrazó entre sus brazos y me dió un beso. Estaba con él. Era como si nada de aquello hubiera sido real. Posiblemente no lo era. Una pesadilla seguramente. Aunque seguía notando la angustia de sentir dos ritmos diferentes en nuestros corazones. Él debió notar algo porque me preguntó -¿Has dormido bien?- Le contesté con otra pregunta -¿Estas nervioso?, te late muy deprisa- apretando mi cara contra su pecho.
 
Como de nervioso contestó él mientras notaba como su mano subia acariciando desde mi muslo,  sus dedos surcando cada curva que encontraba en el camino de mi cuerpo, posandola finalmente sobre mi pecho y me dijo en un susurro al oido -Veo que late al mismo ritmo que el mío-
 
Levanté la mirada hacia la suya y el aprovechó para darme un suave beso, se retiró y me guiñó el ojo. Comenzamos a reirnos sin parar, no dejamos de reir en un buen rato, al final uno sobre el otro fundimos nuestras almas en una sola y desde aquel instante solo oí  el acompasado ritmo de nuestros corazones, nunca volví a tener aquel sueño.
 
Ese mismo dia le dije que si, le di la respuesta que tanto deseaba a mi corazón y que tanto sufrimiento me había causado aquellos dias. Unos días mas tarde me enteré que estaba embarazada.
 
 
 
Juan Luis Galán Olmedo
 
 
 
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2006/3/20

33 - Recuerdos

Era verano, hacía calor, y acababa de enamorarse, así era ella. Siempre le sucedía lo mismo, bastaba con mirarle a los ojos para saber que ya había vuelto a pasarle. No me cansaré de disfrutar de esa mirada y de esa boca abierta ante algo que le llamaba la atención. Era ver como a esa niña pequeña a la que no pude conocer, descubrir el mundo por primera vez. No sabía como lo hacía pero por eso entre otras muchas cosas me había enamorado de ella.

Estábamos de verano, nuestro sexto verano de casados, después de algo más de año y medio de relación, tiempo suficiente para saber que era la mujer de mi vida. Era guapa, inteligente, brillante, diría yo; irradiaba sentido del humor y me permitía sentir junto a ella cada uno de los milagros de la vida.

Estos años decidimos ir al norte del país, a los dos nos gusta el mar y a mi particularmente me encanta la montaña; de manera que decidimos aunarlo todo, hicimos un tour de un mes por la cornisa cantábrica, comenzamos por la frontera entre Portugal y Galicia y acabamos en el borde de la frontera con Francia.

Allí, se encontraba ella mirando el paisaje y fotografiándolo con sus ojos, mirando a un lado y a otro mientras redescubría el mundo que se le mostraba. Mientras la veía no podía sonreír al pensar cuanto se parecía esa mirada a la de su hija de cuatro años, la cual jugaba a su antojo en un parque infantil que había en el paseo marítimo donde nos encontrábamos.

 

Sabía que me miraba de reojo, siempre había podido notar su mirada en mí, le había conocido en mis años de juventud, el era algunos años mayor que yo; me daba igual, desde el momento en que vi su sonrisa clavada en mí  supe que era mío. El aún no lo sabía pero, así fue. No se como lo hace, pero aún tras más de siete años juntos, sigue mirándome igual, y lo que es mejor sigue sonriendo igual cuando me mira, no puedo evitar redescubrir el mundo estando el a mi lado, todo se ve como nuevo, me hace sentir especial. Estaba feliz, nuestro sexto verano juntos y ahora entendía como podía gustarle tanto esta zona del país, la mezcla de la montaña, exuberante de vida, junto a la vida inagotable del mar era un espectáculo digno de ver y compartirlo juntos,  no podía hacerme más feliz. La niña jugaba en el parquecillo y sabía que estaba bien por las  risas que salían de sus pequeños labios, además de que su padre la vigilaba a pesar de que de vez en cuando me volviera a sonreír, eso lo notaba desde el primer día y ahora conocía su cara, podía imaginármela.

 

Se encontraban dando un paseo, era un matrimonio con una niña pequeña, la mujer era sin duda una bonita mujer y se encontraba mirando hacía el muelle, donde las pequeñas barcas de la zona amarraban en sus horas de descanso. Miraba, hacía la montaña, imponente que como siempre se levantaba al borde de la playa haciendo contrastar su verde exuberante contra el azul del mar y del cielo. El se encontraba a unos metros de ella, supuestamente  el se encontraba al cargo de la niña aunque no apartaba su cara de ella, la contemplaba y sonreía.

Comenzó a acercarse distraídamente a su lado, le cogió de la mano y se cruzaron sus miradas, se dieron un beso. Ninguno se preocupó de la niña, claro que supongo que no hacía falta porque en cuanto esta los vio juntos fue a por ellos como una exhalación, la que le permitía su edad mejor dicho. Se tiró a las piernas de ambos y empezó a reclamar su atención; ambos la miraron y la encaramaron en sus brazos, fundiéndose los tres en un abrazo. Ambos le dieron un beso a la vez a la pequeña y se pudo oír de nuevo su risa de felicidad.

 

-         Abu, abu, ¡Abu!

-         Que sucede, cariño, que quieres.

-         ¿Dormías?

-         No, preciosa, sigue jugando.

 

Le dije mientras la encaramaba en mi regazo sobre el banco del paseo marítimo donde nos encontrábamos.

 

-         Como que no, si tenias los ojos cerrados.

 

Me miraba con una sonrisa burlona y le sonreí al tiempo que le decía.

 

            - No, princesa, sólo recordaba. ¿Quieres que nos vayamos ya?

               - ¿Qué es recordar?

 

No pude evitar sonreír al escuchar esa pregunta de sus labios, y le contesté:

 

             -         Es acordarte de cosas que hiciste cuando eras mas joven.

 

Se abrazó a mí, levantó los hombros, me miró abriendolos  tal y como hacía su abuela, tal y como sigue haciendo su madre y soltó:

 

            -         ¡Ah! Eso también lo hago yo.

 

No pude evitar besarla y abrazarla junto a mí mientras reía con su ocurrencia, solo tenía seis añitos. Nos quedamos un momento así, el tiempo justo para que ella decidiera volver al lado de sus amigos en el parque infantil del paseo marítimo. Se levantó con agilidad de mi regazo, se alejó hacía ellos, no antes sin volver y darme un beso furtivo como si se le hubiera olvidado hacerlo antes. Mientras volvía a alejarse no pude evitar que una afortunada lágrima recorriera mi viejo rostro al sentir la felicidad de poder recordar el primer año que pasé con su madre y  su abuela, en este maravilloso lugar que nos ha visto crecer a lo largo de los años.

 

Dejé que jugara mientras la observaba hasta que llegó la hora de volver a casa.

 

 

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

 

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2006/3/13

32- Dolor.

Recuperé la consciencia con un terrible dolor de cabeza, abrí los ojos con dificultad, no lograba identificar con claridad el lugar donde me encontraba. Cuando intenté  levantarme me di cuenta que estaba atado de pies y manos sobre el colchón de una cama. Unas esposas me retenían las muñecas al cabecero de la cama, unas cuerdas ataban mis tobillos fuertemente al pie de la misma, formando una perfecta X,  que no me permitía mucho movimiento. Comencé a gritar, pidiendo que me soltaran, pero nadie escuchaba. ¿Dónde estaba?

 

            Cansado de gritar sin obtener respuesta, intenté hacer memoria y recordar que había sucedido, pero ninguna imagen venía a mi mente, no podía recordar ni siquiera quien era yo. Comencé a fijar la vista en el lugar donde me encontraba, la luz era tenue; pero permitía vislumbrar bien que me encontraba en una especie de nave, no había nada excepto un armario a mi derecha muy cerca de donde estaba, en las columnas de la nave, cámaras de vigilancia enfocándome; podría pensar que no estaba tan solo como imaginaba. Me era imposible ver que había a mis espaldas. Creo que habían pasado unas horas desde que me despertara, me era imposible saberlo en cualquier caso y nada permitía que recuperara el sentido del tiempo y mi memoria seguía siendo un papel en blanco donde ningún recuerdo asistía. La cama era grande,  reconozco que cómoda al principio, no me hubiera importado que esa fuera mi cama. Llevaba puesto un traje ¿Cómo el día anterior?, no se cuanto tiempo había estado inconsciente, pero ¿Sería esa mi ropa habitual? Imaginé que podía ser,  aunque ni siquiera podía estar seguro de eso.

 

            Me excitaba, la sensación de empezar de nuevo, volver a tener la posibilidad de hacerlo y en esa ocasión quería algo rápido, pero quería divertirme.

 

            No se cuanto tiempo había transcurrido, cuando de repente se abrió una puerta a mis espaldas, intenté saber que ocurría, ni podía imaginarlo. Apareció por mi derecha, nunca la olvidé, llevaba puesto un traje de gasa blanco, se vislumbraba debajo la ropa interior de color negro que llevaba puesta. Apareció de la nada sin mirarme, decidida y se situó delante del pie de la cama sonriéndome, no dijo nada durante unos minutos y yo solo podía quedarme embelesado mirándola. No era muy alta, no creo que más que yo, creo, pero sin duda era  preciosa, tenía un cuerpo bañado por el sol y sus ojos azules eran increíbles, permitían ver el cielo en ellos, hipnotizaban; su pelo era largo, negro. Se adivinaba un cuerpo lleno de curvas y exuberante bajo el vestido, le llegaba hasta los tobillos, impoluto que llevaba puesto.

 

            Comencé a gritarle, para que me desatara, le rogué que me dejara marchar, no recordaba nada, pero ella se limitaba a reírse. Tengo que admitir que hechizaba. Estaba cansado, no se cuanto tiempo llevaba allí, pero mi cuerpo estaba cansado de pelear por deshacerse de las ataduras y además no lograba recordar ni siquiera que hacía allí.

 

            Ella, me saludó, dijo mi nombre, supongo que ese era mi nombre; al ver mi cara de sorpresa, rió aún más fuerte, - Ni siquiera recuerdas tu nombre ¿verdad? – dijo, disfrutando del momento. Tuve que admitir desconsolado que no, no recordaba nada y eso me estaba atormentando. Ella solo dijo –Mejor-

 

            Se dirigió al armario y lo abrió, pero no pude adivinar lo que escondía; si puedo decir que ella sacó un rollo de cinta aislante del armario y se dirigió hacía mí. Yo solo podía en ese momento suplicarle que me dejara ir, que nunca se lo diría a nadie y ella se acercó a mi oído y me dijo –¿Y que podrías decir?-. Cogió un trozo de cinta aislante y me tapó la boca, intenté revolverme antes de que lo hiciera, pero me fue imposible. Las lágrimas se comenzaron a escapar de mis ojos y sollozaba sin remedio. Regresó al armario y sacó unas tijeras, vi como se dirigía a mis pies y de repente me descalzaba y comenzó a rasgarme la ropa con las tijeras, yo no podía moverme y al ver lo que comenzaba a hacer tuve mas terror aún –No te muevas tanto o al final te cortaré- dijo, continuando su trabajo. Sentía el frío del acero de las tijeras contra mi piel y como todo mi cuerpo se estremecía frente al temor de que finalmente me cortara; ella iba despacio metódicamente, haciéndome sentir la tijera sobre mí, mientras veía como la ropa iba desapareciendo según terminaba tirada en el suelo. Empezó por los calcetines, continuó subiendo cortando la pierna izquierda del pantalón hasta llegar casi a la cintura y luego bajó por el lado derecho de nuevo, de un tirón me arrancó los pantalones. Se colocó encima de mí a continuación, me besó marcando sus labios sobre la cinta aislante y arranco la camisa, rompiendo con las tijeras lo suficiente para quitármela y dejarme solo con los calzoncillos. Apretujó más su cuerpo contra el mío y no pude evitar excitarme levemente, cosa que ella notó y no dudó en echarme en cara con una sonrisa burlona y un todos sois iguales lanzado de sus labios. Intenté zafarme pero era inútil, no podía por mas que lo intentaba, sudaba y me encontraba tremendamente cansado; aún así había logrado excitarme y ni siquiera entendía como. Con la tijeras, despacio las introdujo entre mi pierna y la tela del bóxer y comenzó a rasgarlo,  finalmente me dejó completamente desnudo tirado en la cama.

 

            Ella regresó a su posición inicial, comenzó muy, muy despacio a apartarse uno de los tirantes del vestido que caía sobre su hombre izquierdo, se comenzaba a ver un poco más el sujetador negro de encaje que aguantaba su pecho y con un grácil movimiento de su zurda apartó el otro tirante; el vestido cayó como a cámara lenta, acariciando su pie y a cada centímetro que recorría dejaba mas y mas su cuerpo al descubierto hasta llegar a asentarse en el suelo, ella salió de el dando un paso hacia la derecha y se quedó ante mi completamente desnuda a excepción de la ropa interior que le cubría sus pechos y su pubis.

 

Mi masculinidad respondió de inmediato al estímulo y comenzó a tomar su forma, ella se dio la vuelta y comenzó a bajarse lentamente las braguitas negras que llevaba puestas dejando su intimidad a la vista, se las quitó y me las tiró quedando sobre mis pies, notaba el calor que irradiaban y quedé pasmado ante la vista de todo su cuerpo desnudo  mientras volvía  a girarse dejaba sus pechos también descubiertos. Se encontraba desnuda completamente ante mí y yo solo podía mirarla y disfrutar con la vista que me ofrecía, a pesar de intentar que mi cuerpo no respondiera no podía evitar sentir la excitación que me invadía. Ella lo notaba y lo veía y disfrutaba, sin duda, viéndome debatirme en la duda que me embargaba en esos momentos pero que me superaba claramente a la vista.

 

Volvió a subirse a la cama y comenzó a deslizarse desde mis pies hasta mi boca, arrastrando todo su cuerpo sobre mí, solo podía sentir el calor que desprendía y el roce de sus pechos y su sexo. Se quedó ahí tumbada nada más. Pasado un rato, se levantó, se dirigió al armario y me puso una venda sobre los ojos privándome del sentido de la vista, para acto seguido arrancarme de un tirón  el trozo de cinta aislante que tapaba mi boca. Y me besó.

No dijo, nada, solo oía como se movía cerca de mí, alrededor de la cama, podía sentir como me observaba y como de vez en cuando sonreía o eso podía imaginar. Yo no dejaba de pedirla por favor que me dejara ir, hubo un momento que el silencio se hizo en la sala y comencé a intentar forcejear de nuevo intentando soltarme, pero era imposible; el sudor bañaba de nuevo mi cuerpo y no podía hacer nada por salir de aquella situación. En mi mente el deseo de huir, pero también el deseo de disfrutar de ese cuerpo. Me estaba volviendo loco, pensé.

 

De repente, comencé a oír un mecanismo electrónico o por lo menos eso parecía y sentí como la cama se comenzaba a levantar de su posición horizontal hasta quedarse en una posición vertical completamente, mis brazos se descolgaron por el peso de mi cuerpo y el dolor fue terrible, no podía parar de gritar del dolor y acabé desmayándome.

 

 

No podía evitar sonreír al verle ahí colgado, recordaba sus lamentos y ahora estaba ahí   desmayado, el vómito que le había causado el dolor acuciante ensuciando el suelo a sus pies. No sabía quién era y nunca lo haría, había vivido  una de las experiencias más traumáticas de su vida y sin embargo no había podido evitar excitarse cuando contempló mi exuberante cuerpo. Disfrutaba viendo la mezcla de dolor y placer en sus ojos.

 

Cuando empezó a despertar, me acerqué con cuidado a sus labios y le besé, un beso apasionado, le fui acariciando su cuerpo mientras le susurraba al oído todo lo que le iba a hacer. Sentí de nuevo su virilidad. El pedía que le soltara, que le dolía mucho. No pasa nada, le dije; pronto va a dejar de dolerte.  Saqué la pistola y esperé frente a él. Le di un beso, me acerqué a su oído y le dije:  ‘Lo siento ya no me vas a poder tener’.

 

Al oír esas palabras, no supe que responder, creo que no me dio tiempo, oí un ‘clac’ y de repente solo recuerdo el sonido estridente de un disparo, creo que sentí la bala perforando mi entrecejo y entonces la oscuridad.

 

Su cuerpo se desplomó sin vida con los ojos abiertos. Había muerto como se merecía; pero tal vez mereciera más; al fin y al cabo ese era mi trabajo y llevaba años y años haciéndolo. Decidí que tal vez mereciera otra oportunidad, y pensé en como sería esta vez; no pude evitar volver a excitarme. No quiero evitarlo, me encanta lo que hago. Soy la única que disfruta este infierno y eso es un privilegio que ni siquiera cuando estoy en el cielo puedo tener. Allí disfrutan todos. Sonreí, y volví a empezar…

 

Recuperé la consciencia…

 

 

 

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

Participando de la inicitiva de: http://spaces.msn.com/cuentacuentos06/ 

2006/3/6

31.-Vacaciones-

Caminando por la orilla, las olas acariciaban nuestros pies  mientras sentíamos hundirse bajo cada nueva pisada nuestros cuerpos desnudos.

 

            Haríamos un viaje los dos solos y decidimos romper con todas las reglas, hacer algo que nunca hubiéramos hecho antes. De manera que decidimos irnos y disfrutar de nuestro tiempo juntos, a solas,  en un entorno natural como el que nos permitía la zona de Cartagena.

 

            La idea era estar el uno con el otro, olvidarnos del mundo por un instante y aunque era imposible que fuera completamente, optamos por un bungalow en un camping nudista. Mientras preparamos el viaje, no sabíamos como íbamos a sentirnos en un entorno donde la ropa no es necesaria, y el contacto con la naturaleza no podía ser más directo.

 

            Ahora, nuestro quinto día en este paraíso natural no puede ser más gratificante, es imposible describir la experiencia de sentirse libre, sin ataduras de ningún tipo; un lugar en el que nadie prejuzga tu cuerpo porque se entiende como algo natural el hecho de que cada uno somos distintos, donde todos van a su aire y sin embargo se crean vínculos de amistad con las personas que comparten la experiencia. Supongo que si alguien prejuzgaba no decía nada y mantenía el consenso que allí se establecía.

 

            Hacía nada que nos conocíamos,  pero al hablarlo a ambos nos apetecía mirar hacía adelante y disfrutar de la experiencia. Era morbosa  la idea de que la primera vez que iba a verle desnudo iba a ser ya en nuestro destino. Solo necesitaba mirarle a los ojos y saber que pensaba lo mismo. Recuerdo todavía el viaje hasta allí, riéndonos y comentando como sería. Nos sentíamos como dos niños enfrentándose a algo nuevo y la expectación era máxima.

 

            Al llegar a nuestro destino, antes de entrar ni siquiera al camping; el me besó y me susurró al oído que tenía miedo. Le pregunté y no pude dejar de reírme cuando   me lo confesó. Resulta que estaba temeroso de quedarse empalmado en las zonas públicas, que sería un trago difícil de llevar. No paré de reírme en un buen rato; al final el también rió con ganas de su ocurrencia. Estás como una cabra, le dije cariñosamente.

 

            Todo sucedió con la mayor naturalidad del mundo, al entrar en el bungalow nos desnudamos y nos vimos por primera vez desnudos el uno al otro. No pudimos evitarlo supongo que todos esos días planeando el viaje y pensando en la situación; nos llevo a que lo primero que hiciéramos en nuestras vacaciones fuera hacer el amor por primera vez, descubriendo mutuamente nuestro cuerpo al otro. Demasiadas sensaciones para poder ser capaz de expresarlas en este momento. Acabamos durmiendo abrazados el uno al otro descansando placidamente.

 

            Los  primeros días consistieron en conocer el entorno del camping, comprar las cosas necesarias para el bungalow y disfrutar del mar, la piscina, tomando el sol, hablando de nosotros, dando largos paseos por la playa o haciendo amistades con la gente que allí pasaba también sus vacaciones. Luego las vacaciones se basaron en disfrutar de nosotros y del entorno, el camping no daba momentos de aburrimientos con las actividades que programaba y pasó  el tiempo volando.

           

Caminando por la orilla, las olas acarician nuestros pies  mientras sentimos hundirse bajo cada nueva pisada nuestros cuerpos desnudos; comentamos las pocas ganas de querer volver a nuestra rutina en la ciudad, ya nos queda poco para que tengamos que volver al seminario y ninguno desea tener que hacerlo. Allí volveríamos a tener que comportarnos como extraños en la medida en que nunca podríamos expresar lo que sentimos el uno por el otro. Solo podríamos ser compañeros de libros, pero no amantes como lo habíamos sido durante las vacaciones. Ambos nos preguntamos si merecía la pena, pero no sabíamos que respondernos. Disfrutemos de los últimos días que nos quedan  juntos en libertad y al volver decidamos que hacer con nuestras vidas fue lo último que dijimos mientras en silencio continuamos caminando por la orilla.

 

Juan Luis Galán Olmedo
 

 

Participando de la inicitiva de: http://spaces.msn.com/cuentacuentos06/ 

 
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Nota al margen: Mientras colgaba esta historia para cuentacuentos como borrador (suelo prepararlo el domingo para publicarla el lunes), me salía un mensaje por parte de MSN que utilizaba lenguaje prohibido en sus spaces. Cual sería mi sorpresa después de algún intento infructuoso por mi parte de saber que sucedía; quitando algunas palabras del relato o releyendo para averiguar que podía ser; además de hacer alguna consulta a alguna persona que en ese momento estaba conectada por si sabia algo al respecto, resulta que el problema está en esto: XXXI
 
Sí un inofensivo número romano que es como suelo identificar a mis relatos además del nombre era el causante de que no me dejara guardar el relato, imagino que por culpa de esas tres 'morbosas' XXX. Además como veis solo lo detecta si lo pones como título, en fin que no me ha quedado mas remedio que poner 31 y además he podido disfrutar más de la tonteria de gestión de un sistema como este. Hacía tiempo que no me reía tanto con una estupidez así. Ver para creer.
2006/2/27

XXI - Miedos

Era el miedo el que gobernaba mis palabras, la sensación de perdida de control total sobre mi era algo que no lograba asimilar. Me gustaba mantener el control, era inevitable. Eso era algo que me había hecho perder momentos inolvidables en mi vida, había hecho que sufriera ante el hecho de no dejarme llevar por las sensaciones, sentimientos que invadían mi cuerpo y mi alma, siempre debía regirme por mis pensamientos, era bueno o malo, debía ser así o no ser. Daba igual lo que mi corazón sintiera, daba igual lo que me sintiera impulsado a hacer.

 

La vida era una continua toma de decisiones y era mi cabeza la que tenía que decidir, para eso esta la razón ¿no? La razón sobre la pasión, esa era mi forma de vivir. Así era más difícil que me hicieran daño; así era más difícil que nadie pudiera hacerme sufrir. Ya no. El muro levantado a mí alrededor era infranqueable, nadie lo podía traspasar. Alto e imponente, me sentía seguro dentro de la burbuja que yo mismo me había construido.

 

Pero la burbuja era de cristal y yo no lo sabía. Bastó una mirada, intensa, fija, escudriñando a través de mis ojos  para llegar a verme reflejado  en mi propia burbuja, entonces, el cristal se desquebrajó, lentamente. Nada ha quedado de ella excepto el amor que siento y por eso aquellos meses que pude disfrutar de su amistad y de su amor significaron tanto para mí.

 

De eso han pasado ya unos meses también y ahora sin protección, desnudo, el mundo esta aquí frente a mí. No solo eso, además he conocido lo que es amar y ser amado, tengo miedo de no disfrutarlo nunca más. Pensé que me iba a librar del miedo, es distinto, pero sigue ahí.

 

¿Cómo unos pocos días pueden cambiar tanto una vida? ¿Cómo una mirada, una vida puede pasar a nuestro lado y significar tanto para luego irse? ¿Por qué dejé que se fuera?

 

Dejé que rompiera mi miedo racional, pudiendo disfrutar de su amor al completo, sentir todo su cuerpo, cada centímetro de piel en cada segundo del universo. Conocer sus gestos, los surcos de su piel solo con el tacto de mis dedos,  pude paladear el sabor de su cuerpo, diverso en cada uno de sus poros. ¿Cómo era su olor? Aún ahora lo recuerdo. Escuchar sus palabras acariciando mi cuerpo y mi alma; mientras nos mirábamos e iba rompiéndome por dentro.

 

¿Por qué, si tanto la amaba, no le dije Te quiero? Es tan sencillo.

 

Ahora miro atrás y deseo volver a sentirla a mi lado, hacerle el amor hasta el agotamiento, luego poder dormir  como bebes acunándonos mutuamente en nuestro regazo. Volver a reír y a hablar como lo hacíamos, durante horas. Echarla de menos cuando no estaba junto a ella. Disfrutar de su día, escuchándola cuando me lo contaba y disfrutar contándole el mío mientras ella escuchaba.

Sólo era dejar de sentir ese miedo racional, perder el control por un momento, dejar que ella me controlara ¿Qué más daba si cedía el control por un momento? Más si era ella. Ahora en la distancia la razón se desquebraja, solo puedo amarla como ella me amó en silencio, pero no estoy con ella. ¿Puede el amor salvar el tiempo?

 

Todos los días siento que si solo hubiera dejado que mi corazón hablara, ahora podría hablar con ella, sentir sus labios de nuevo besando a los míos, pero nada de eso ya es posible, ahora que ella está tan lejos.

 

Sí, cuando ella llegó a mi vida no estaba solo, pero que mas da. Ahora que se que la amaba ¿Qué mas da? Maldita sea,  pensé un segundo y sentí que era mejor seguir donde estaba, en la seguridad de mi vida, aquella que ya conocía. No me di cuenta que al conocerla a ella, la burbuja se haría mil pedazos.

 

Hoy, al enterarme de lo ocurrido, me he desmoronado. Nunca llegué a entenderlo, pero ahora puedo sentirlo, imaginarlo.

 

 Gracias a ella, sigo teniendo miedo, pero no de vivir como creo, de sentir lo que siento, la razón era un escudo, pero no para esconderme dentro. La vida hay que vivirla y me gustaría que hubiera sido junto a ella. Ahora, después del tiempo que ha pasado puedo entenderlo. El amor es para siempre, sólo depende de nosotros y yo ahora ya no tengo miedo de sentirlo. Elijo amar, por eso siempre la tendré en mi recuerdo.

Tras un año y unos meses, vuelvo a estar sólo; pero no importa porque gracias a ella he aprendido. ¿Si alguna vez nos encontramos volveremos a estar juntos? No lo sé, pero gracias a ella puedo enfrentarme al mundo sin mi burbuja y saber que aún con miedo, ahora si merece la pena tenerlo. ¿Encontraré de nuevo el amor?… ¿Se puede respirar en un espacio cerrado?... ¿Qué nos tiene deparado el futuro?... ¿Es posible que nunca encuentre a alguien?… ¿Trabajaré en algo que me llene?… ¿Merezco ser amado?… ¿Podré encontrar el amor de mi vida?... ¿En que trabajaré?... ¿Cómo será el futuro que me espera? No lo sé, el miedo convivirá conmigo y yo, ahora, seguiré viviendo.

Sonrío.

 

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

Participando de la inicitiva de: http://spaces.msn.com/cuentacuentos06/

2006/2/20

XX -Despedido-

Está usted despedido. Me lo soltó allí delante de todo el equipo en la reunión del martes, en la reunión más importante de los últimos años, en la que íbamos a decidir el plan de acción para la empresa en el futuro a corto, medio y largo plazo.

           

Imagínate como se quedó mi cara a pesar de que sabía que era lo que tenía que suceder. Era cuestión de tiempo que nos descubrieran y ese era una de las opciones que existían si sucedía aquello.

 

Trabajo para una muy importante empresa multinacional presente en los cinco continentes, la verdad es que el trabajo es una maravilla, pero como siempre algo malo tenía que tener y en este caso era la norma de no tener relaciones sentimentales con compañeros del trabajo.

 

            A ella la conocí dos meses tras llegar a la empresa y la verdad es que no sé como empezamos a buscarnos, pero el caso es que sucedió y decidimos seguir adelante con ello a pesar de que nos jugábamos nuestros respectivos puestos.

 

            Con el paso del tiempo, tras dos años de relación terminamos casándonos, así que imagínate lo duro que fue tener que esconder día tras día nuestra unión frente al entorno. Sabíamos que alguna vez podría pasar que lo descubrieran y lo asumimos, pero preferíamos estar juntos. El caso es que en las últimas semanas teníamos la sensación de que teníamos que escapar de algún modo de aquello porque no creíamos que aguantáramos mucho más. El peso era ya demasiado, necesitábamos liberarnos y ser nosotros mismos.

 

            Además, las incursiones en su despacho para poder estar a solas cada vez eran mas frecuentes y desde luego que no me arrepiento de ello puesto que eran momentos de pasión y lujuria desatados en un instante, pero debo reconocer que en mas de una ocasión  han estado a punto de pillarnos. Demasiado cerca.

 

Recuerdo aquella ocasión en que me pillaron debajo del escritorio; por suerte su escritorio no es abierto y era imposible que desde el otro lado se me pudiera ver, pero la situación fue cuanto menos curiosa, ella con la falda subida hasta la cintura, sin las braguitas, que ya me había encargado yo de quitarle y disfrutando de su sexo sin prisas, ya que todavía quedaba tiempo; la hora de comer no había terminado aun y luego había reunión. Imagínate la situación, yo, ahí debajo disfrutando de su entrepierna y  ella intentando mantener la cara de póquer; casi me manda a hacer gárgaras tras aquello, supongo que fue mas fácil para mi que para ella. No puedo evitar sonreír  mientras lo recuerdo. Ella tampoco.

 

            El caso es que justo antes de la reunión nos habíamos quedado a solas y por supuesto antes de ir  hacia la sala de reuniones hablamos y decidimos que había que hacer algo y tras hablarlo, aprovechamos el tiempo. Ya te  he contado antes, fue la vez que mas cerca estuvimos de ser sorprendidos, menos mal que estaba debajo del escritorio. Era inevitable en nosotros, en realidad, no queríamos evitarlo. El Subdirector entró  para recordarle que había reunión esa mañana y que faltaban unos minutos. Tras dejarnos de nuevo a solas decidimos que ella saldría antes. Se vistió y yo me quedé con sus braguitas. Las metí en mi bolsillo.

 

            En la sala de reuniones, estaba ya todo el mundo cuando entré por la puerta, el ambiente era bastante serio y supuse porque podía ser.

            La Directora General estaba ya en su silla y todos sabíamos que no se podía llegar nunca mas tarde que la Directora General. Era una ley no escrita, cuando entré, se dirigió a mí mientras me dirigía a mi asiento y soltó que no tuviera prisa  por llegar; ‘Esta usted despedido’ es lo siguiente que soltó. La miré sorprendido, no esperaba que fuera de aquella manera. Le pedí disculpas, le dije que sentía la tardanza, pero ella solo reiteró que la puntualidad era una de las normas junto a otras que no estaba dispuesta a dejar saltar por cualquiera. De manera que sin tiempo a dar explicaciones me vi sin trabajo. Nada pude decirle antes de irme.

 

            Una vez llegué a casa le escribí un mensaje, a ella, y le dije que la esperaría en casa con la cena preparada.

 

            Ella llegó tarde aquel día, la reunión se alargó mas de lo esperado, cuando llegó estaba esperándola en el sofá,  llegaba  destrozada, echó el maletín en un lado y se dirigía hacía mi cuando le lancé sus braguitas; ella las cogió en sus manos, me miró y me soltó ‘No querrás que te despida otra vez, ¿no?’. No pudimos parar de reír durante el resto de la noche, cenamos a la luz de las velas -sin ropa que cubriera nuestros cuerpos-, riendo, comiendo, bebiendo y…  Por fin éramos libres para ser nosotros y aquella noche nos desquitamos.

 

            Al día siguiente ella se levantó pronto para ir al trabajo y yo quedé con ella para ir a comer juntos, en principio quedamos en el restaurante, pero decidí sorprenderla. Compré un ramo de flores; las mas llamativas que había en la tienda y fui a la oficina. Al entrar en el edificio se sorprendieron al verme pero no dijeron nada, el pase aun me daba acceso, llegue a la oficina y fui saludando a todos los compañeros, viendo su mirada de asombro al verme allí con aquel ramo de flores. Creo que me seguían, pero me daba igual, fui como muchas otras veces a su despacho y antes de entrar respiré y leí ‘Directora General’, sonreí y entré. Le entregué las flores, no puedo describir su mirada, pero siempre la tendré en mi memoria. Nos besamos y salimos juntos cogidos de la mano. Por primera vez nuestros anillos de casados podían acariciarse en otro lugar que no fuera nuestra casa.

 

 

Juan Luis Galán Olmedo

 

 Participando de la inicitiva de: http://spaces.msn.com/cuentacuentos06/

2006/2/13

XVIII. ConstituCión Universal

Esta mañana, después de tanto tiempo, he vuelto a ver mi nombre escrito en el periódico. Hacía más de 30 años que no veía publicado ese nombre en ningún periódico.

Claro que ese es el tiempo que hace que mas o menos todo comenzó. Unos días antes en realidad, después la civilización tal y como la conocían al princípio del siglo XXI se derrumbó y hemos tardado todo este tiempo en reconstruirla. Primero fueron las guerras entre países; duraron poco puesto que fue la primera vez que se hizo uso intensivo de las armas, de destrucción masiva, que dejo mermada a un gran porcentaje de la población mundial.

Después de la supervivencia no había tiempo para escribir, solo era tiempo de sobrevivir.

Tras esos primeros años después de la autodestrucción, no merece otro calificativo, la naturaleza pareció vengarse del ser humano utilizando todo su poder destructivo para aniquilarnos sin piedad.

 

La civilización afortunadamente sobrevivió a aquello y una vez conseguimos empezar a rehabilitar de nuevo la sociedad poco tardó en formarse una guerra civil entre dos bandos bien diferenciados; los que luchábamos por la libertad, la verdad y el amor y los que pretendían que el orden de valores no fuera alterado, manteniendo el bienestar de unos sobre el bienestar de otros, manteniendo la mentira, el abuso sobre la mayoría, los valores vacíos que reinaban en ese inicio de siglo. 

 

La guerra duró varios años, pero finalmente pudimos ganar e instaurar un régimen de libertad e igualdad para todas las personas, que en este momento siguen con vida, donde la verdad impera y el amor reina en un régimen de confraternidad que la raza humana nunca había conseguido anteriormente; aunque muchos lo soñámos, sólo imaginar que pude no haber estado aquí.

Hoy, firmo el artículo de portada que aparece en todos los medios de comunicación del continente (El único donde la raza humana ha podido sobrevivir). El artículo en realidad es la noticia del acuerdo unánime sobre la ratificación por parte de toda la humanidad de su nueva Constitución Universal.

 

El primer artículo de dicha Constitución dice así:

 

            Nosotros, los miembros de la especie humana, atentos a la experiencia de la historia, confiando críticamente en nuestra inteligencia, movidos por la compasión ante el sufrimiento y por el deseo de felicidad y justicia, nos reconocemos como miembros de una especie dotada de dignidad, es decir, reconocemos a todos y cada uno de los seres humanos un valor intrínseco, protegible, sin discriminación por edad, raza, sexo, nacionalidad, idioma, color, religión, opinión política, o por cualquier otro rasgo, condición o circunstancia individual o social. Y afirmamos que la dignidad humana entraña y se realiza mediante la posesión y el reconocimiento recíproco de derechos.

  

            Quizás, algún día, pueda recordar que este fue el principio de un sueño convertido en realidad. Y que pudimos sacar el valor suficiente como para mantener el sueño en los libros de historia que nuestro futuro podrá contar. Si mi memoria y el tiempo me lo permiten, será algo que me encantaría poder llegar a relatar.

 

Juan Luis Galán Olmedo 

 

NOTA: El primer artículo de la Constitución Universal mostrado en este relato oríginal es extraído íntegramente del libro: La lucha por la dignidad. Teoría de la felicidad política. Autores: José Antonio Marina y María de la Válgoma.

 

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